Quizás uno de los grupos sociales más incomprendidos sea el de los tímidos. No querer ser el foco de atención en una sociedad donde lo que se valora es destacar puede ser como presentarse a una maratón con los pies atados.

Mucha gente confunde timidez con introversión, pero no son lo mismo. Los introvertidos son personas que suelen preferir actividades en solitario a en compañía, pero que no temen los encuentros sociales. Los tímidos, por su parte, desean mayor contacto social pero a la vez tienen un temor irracional a ser rechazados o juzgados por los demás, lo que les provoca ansiedad y frustración.

Recuerda que no existen fórmulas mágicas. Al final siempre deberás armarte de valor, contar hasta tres, y exponerte a tus miedos. Si quieres superar la timidez te recomiendo que sigas la estrategia que se ha demostrado más eficaz: la desensibilización progresiva. Para ello puedes usar el siguiente método.

1. Haz una lista de las situaciones que te provocan ansiedad.

No todas las situaciones nos afectan en la misma medida. Haz tu propia lista de situaciones que te generan ansiedad y ordénala de menor a mayor. Sé lo más concreto que puedas. “Hablar en público” es demasiado general, ¿frente qué tipo de público te pones muy nervioso? ¿Delante de desconocidos? ¿Cuándo te evalúan? Cuanto más concreto seas, mejor sabrás cómo afrontarlas después. Cuando tengas una lista de 5 a 10 situaciones, pasa al siguiente punto.

2. Divídelas en etapas y enfréntate a ellas poco a poco.

La desensibilización progresiva consiste en enfrentarte a tus miedos de forma gradual, de manera que te acostumbres al tipo de situaciones que antes te provocaban ansiedad. Al fin y al cabo, se trata de sustituir un hábito negativo (la timidez) por otro positivo.

Si por ejemplo la primera situación de tu lista es “hablar con un desconocido cuando voy en metro hacia el trabajo”, el proceso podría ser el siguiente:

  • Cuando te sientes en el bus, simplemente di “Hola” o “Buenas tardes”. No importa si te devuelven el saludo o no. Hazlo durante una semana hasta que te sientas cómodo.
  • Saluda y haz un comentario trivial. Cuando ya no tengas problemas en saludar, continúa con comentario que no requiera una respuesta por parte de tu interlocutor, como por ejemplo “Buenas tardes. ¡Cuánta gente hay hoy en el bus!” Mírale cuando lo digas para que sepa que te diriges a él, y hazlo por lo menos dos veces al día durante un par de semanas hasta que notes que la ansiedad va bajando.
  • Saluda, haz un comentario y continúa con una pregunta. Ahora añade una pregunta relacionada con tu comentario. “Buenas tardes. ¡Cuánta gente hay hoy en el bus! ¿Sabes si se celebra una fiesta o algo?” Practícalo durante otras dos semanas sin importar la respuesta que te den.
  • Saluda, haz un comentario, sigue con una pregunta y finalmente interésate por tu interlocutor. Utiliza la respuesta de la otra persona a tu pregunta para interesarte por su situación. Si por ejemplo te responde que no sabe si hay alguna fiesta, pregúntale si es que vive lejos de ahí.

Una vez seas capaz de hacer esto, considera vencida tu timidez en esta situación.

No te enfrentes a tu timidez en condiciones que odias. Si por ejemplo nunca te ha gustado el ambiente nocturno, no intentes superar la timidez en bares de copas porque estarás añadiendo una dificultad que no tiene nada que ver con tu problema. Limítate a tu lista.

3. Supera el miedo cuando te paralice.

Pese a todas estas estrategias, en el momento de la verdad siempre puede volver a aparecer el miedo. Cuando te quedes paralizado, estés en la etapa que estés, recordar experiencias anteriores que te salieron bien puede ayudarte a superarlo.

En el momento en que te invadan los miedos antes de presentarte a alguien, por ejemplo, recuérdate a ti mismo la última vez que te pusiste nervioso haciendo lo mismo. Recuerda que experimentaste el mismo miedo, pero que fuiste valiente, te atreviste a dar el paso, y el resultado fue positivo. Tu cuerpo responderá en consecuencia.

EN CUALQUIER CASO, TEN CLARO QUE UNAS VECES SE GANA Y OTRAS SE APRENDE, Y QUE ROMPER UN HÁBITO TAN ARRAIGADO NO OCURRE MÁGICAMENTE DE LA NOCHE A LA MAÑANA. REQUIERE TIEMPO, ESFUERZO Y EL DESEO DE CONSEGUIRLO. Y PONERLE UN PAR DE NARICES!

Por Olga Mallorquín, psicóloga y profesora de Centros de Estudios Técnicos en Sanidad