Es la acción u omisión que acelera la muerte de un paciente, con o sin su consentimiento, con la intención de evitar sufrimiento y dolor. Se pueden distinguir varios tipos de eutanasia:

  • Eutanasia directa: cuando las acciones que se realizan sobre el enfermo tienen la intención de provocar su muerte, y a su vez se subdivide en:
    • Eutanasia activa: cuando se ocasiona la muerte del enfermo administrándole sustancias letales.
    • Eutanasia pasiva: cuando se procede por omisión. Este tipo puede revestir dos formas:
      • Abstención terapéutica cuando no se inicia el tratamiento
      • Suspensión terapéutica cuando se suspende el tratamiento ya iniciado
  •  Eutanasia indirecta: cuando no se tiene como intención acortar la vida del paciente sino aliviar su sufrimiento.

Los defensores de la eutanasia aseguran que evita el sufrimiento de la persona y que rechaza la prolongación artificial de la vida que lleva a situaciones que son indignas. Los detractores, en cambio, consideran que nadie tiene derecho a decidir cuándo termina la vida del prójimo.

¿Qué opinas tú?

A continuación, se expone un caso ocurrido en Granada en 2007:

El 18 de octubre de 2006, Inmaculada Echevarría, una mujer de 51 años, desde los 11 años con una enfermedad degenerativa llamada distrofia muscular progresiva, declaraba públicamente en el hospital de Granada donde vivía desde hacía 9 años conectada a un ventilador mecánico: «mi vida no tiene más sentido que el dolor, la angustia de ver que amanece un nuevo día para sufrir, esperar que alguien escuche, entienda y acabe con mi agonía»; «lo único que pido es la eutanasia; no es justo vivir así».

Días después Inmaculada comunicó al hospital San Rafael de Granada su rechazo a la respiración artificial, un tratamiento que la mantenía con vida. Su solicitud fue enviada a la Junta de Andalucía que, tras obtener un dictamen ético y jurídico, acordó que la paciente tenía pleno derecho a rechazar el tratamiento, debiendo de ser sedada previamente para evitar el sufrimiento en la agonía.

Cinco meses después de su petición pública, el 14 de marzo de 2007, moría Inmaculada, en el último momento trasladada a un hospital público ante las reiteradas presiones que el Vaticano ejerció sobre la Orden de San Juan de Dios para que la desconexión no se produjera en un hospital católico.