“Juan, está trabajando como camillero, es una persona muy profesional. Ha llegado hace un par de meses, y realiza un trabajo muy bueno para los usuarios y para la empresa, de manera que deciden aumentarle el sueldo.

Comete el error de comentarlo a una de sus compañeras, que parece ser una de las chicas más simpáticas y agradables en la que puede confiar. Pasan quince días y el ambiente comienza a ser hostil y contiene un alto riesgo de intoxicación. Se han disparado las alarmas y los tóxicos se acercan: envidia, celos, inseguridades, baja autoestima, se han activado y están dispuestos a atacar”.

¿Cómo puedes identificarlos?, ¿Se trata de una película de zombis o son realmente humanos que disfrutan atacando a los demás?:

  • Por lo general son personas muy negativas que están absolutamente convencidos que pensar y actuar como ellos es lo correcto. Tienen la necesidad de ser reconocidos y aprobados por lo que suelen frustrarse con mucha facilidad.
  • Suelen contarte historias cargadas de tristezas, dilemas, conflictos demostrando una actitud ofensiva y brusca hacia los demás.
  • Otros son los quejicosos, que se presentan como personas despreocupadas, apáticas a los que les encanta dar lástima. Critican, juzgan y ponen de manifiesto su soledad y quieren conseguir tu amistad para sentirse acompañados. Acaban con tu energía porque son absorbentes, cansinos y tediosos.
  • Están también los irónicos, sarcásticos, estos se comportan de manera cruel haciendo chistes o comentarios hirientes en presencia de las personas a las que pretenden degradar. Se justifican diciendo que era una broma y que no debías de ponerte así.

PRECAUCIONES:

Aléjate de la gente que trata de empequeñecer tus ambiciones. La gente pequeña siempre hace eso, pero la gente realmente grande, te hace sentir que tú también puedes ser grande.

– Estamos frente a personas tóxicas, es decir, oportunistas, mentirosos, egocéntricos, calculadores, controladores y justificarles nos convierte en auténticas víctimas de su comportamiento.

– No olvidéis de dar la espalda a quien no se merece vuestro respeto.

Por Olga Mallorquín Rodríguez, psicológa y profesora de Centro de Estudios Técnicos de Sanidad